domingo, 24 de octubre de 2010

El gesto delicado

El Viernes durante la pequeña conferencia, hablé un poco sobre el sentido que desde la perspectiva de nuestra práctica tiene la palabra delicado. Ayer hablé sobre la palabra gesto, o más bien sobre el espíritu del gesto.  Sobre el gesto habitado por el espíritu. En japonés Zanshin. 

Cuando entramos en el dojo con el pie izquierdo, cuando hacemos gassho, cuando andamos por el dojo, cuando nos sentamos, nos ponemos el kesa, salimos… cada cosa que hacemos, cada gesto es una manifestación viva  de nuestra práctica si este está habitado por nuestro espíritu, si está terminado, completado en el instante. Por supuesto dentro y fuera del dojo es lo mismo. Hay una historia bastante conocida de Ikkyu.
Un monje erudito se encaminó a la ermita que habitaba Ikkyu.  Durante su camino comenzó a llover.  El monje abrió su paraguas.  Al llegar a la ermita lo cerró, se quitó sus zapatos y los colocó juntos a un lado de la puerta.  Entró y saludó a Ikkyu: -“Practico desde hace mucho tiempo conozco bien los sutras, estudio y practico con constancia, ahora sería un honor para mi convertirme en su discípulo.”  Ikkyu le preguntó de inmediato: -“De que lado de la puerta has dejado tu paraguas”. 
Supongo que en este momento el monje pensaría, “¿a qué viene preguntarme por el paraguas?. Encima que le hago el honor de solicitar ser su discípulo, que he venido con humildad hasta aquí, ¿qué narices tiene que ver el paraguas con todo esto?”. 
-“ No lo se”, fue la respuesta del monje.  -“Entonces vuelve a verme más adelante cuando hayas comprendido algo del zen”, fue la respuesta de Ikkyu. –“¿Cómo, me dices que me vaya por un pequeño error?”.  –“Decididamente no has comprendido nada, en el zen no hay pequeños errores”, dijo Ikyyu.
En el zen no hay pequeños errores, quizás tampoco haya grandes errores sólo hay acciones completamente habitadas por el espíritu y acciones que no lo están. 
Nada de lo que hacemos es ajeno a la vía.  Todo debe expresarla.  Sin amaneramientos, sin rigidez, sin actuar como si viviéramos al ralentí. De una manera fluida, presente, honrando cada acción con nuestra plena atención y al tiempo homenajeándola con nuestro olvido inmediato.  Sin tratar de atrapar ninguna, sin tratar de agarrar ninguno de estos aquí y ahora.  En cuanto lo hacemos, en cuanto nos regodeamos en uno de estos instantes el flujo de nuestra existencia sufre un bloqueo.  Los miedos, las enfermedades tienen aquí su raíz.
El gesto habitado por el espíritu, el sueño de la garza volando en el espacio ilimitado.

domingo, 3 de octubre de 2010

Dulce, salado, agrio, amargo, ácido.

Foto de monique roysesseginge-verano 2010 

Dulce, salado, agrio, amargo, ácido.  Nuestro paladar percibe todo este espectro de sabores. Sin embargo, poco a poco el ser humano ha ido descartando, amargo, agrio, ácido, para casi reducirlo todo a dulce-salado.  En cada aspecto de nuestra vida es parecido.  El espectro de nuestras posibilidades se reduce, buscando lo común, lo fácil, lo globalmente aceptado.  El Espíritu, es por tanto continuamente cercenado desde todos los ángulos. Ni nos damos cuenta.  Agrio, amargo, ácido; ¿a qué te refieres?.  Nuestros padres, profesores, nuestros maestros, cuando nos educan; ¿nos enseñan a apreciar agrio, amargo, ácido o sólo nos aportan dulce y salado?.  Quizás esto nos ayude a distinguirlos.  Y nosotros estamos dispuestos a apreciar estos sabores o preguntamos también: ¿a qué te refieres?. Quizás esto nos ayude a distinguirnos. 
No todo el que camina sobre dos pies tiene espíritu.  
¿Es decir esto una herejía?.  
Quizás lo sea. 
Dulce, salado, agrio, amargo y ácido.  
Nuestro paladar percibe todo este espectro de sabores, 
¿o ya no?.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Zen, la Práctica del Gesto Delicado

En Octubre organizamos una exposición y una conferencia a las que hemos titulado: Zen la Práctica del Gesto Delicado.  Cuando como Dojo organizamos algo de este tipo, parece que esencialmente lo hacemos pensando en la gente de fuera, en los que puedan venir a la exposición, a la conferencia y tener la oportunidad de conocer la práctica.  Si embargo creo que esto no es cierto.  No lo hacemos en principio para los demás, lo hacemos para nosotros mismos , para darnos la oportunidad como dojo de aportar cada uno nuestro trabajo, nuestro esfuerzo para profundizar en nuestra armonía como shanga. Sólo si lo hacemos con esta visión podremos conseguir que sea a la postre válido para los demás, sólo así podremos conseguir que el resultado de lo que hagamos de alguna manera les impacte, paren, den un paso atrás y se dejen tocar por lo que les mostramos.

En este caso una exposición, unos carteles que hablan del zen, que hablan del zen como la práctica del gesto delicado. 

Siempre que hablamos de zen hablamos irremediablemente de práctica.  El zen no es algo intelectual, algo que podamos adquirir mediante un esfuerzo intelectual, realmente no es algo que podamos adquirir de ninguna de las maneras; es una práctica.  Algo que sólo podemos realizar con nuestro cuerpo, por nosotros mismos, en este momento preciso, dentro y fuera del dojo. 
Del gesto delicado.  La delicadeza no es una virtud al alza en nuestra sociedad.  Delicado se utiliza a menudo como un sinónimo de afeminado y este último término es utilizado entonces como algo peyorativo.  Una sociedad que ha llegado a este punto, sin duda arrastra una profunda enfermedad.
Esencialmente, un gesto delicado es un gesto completo.  Un gesto completo en si mismo.  Un gesto en el que todo lo que somos en ese momento queda completamente de manifiesto.  Lo bueno, lo malo, lo alto, lo bajo, todo sin dejar nada al margen. Sin artificios, sin técnica, sin un apoyo intelectual, racional y por favor tratar de entender en vuestro interior a que me refiero con esto último.
Cada cosa en nuestra vida se convierte en un gesto delicado cuando nuestro espíritu está ahí presente cada vez, junto a nuestro cuerpo.  No hay nada secreto u oculto en esto.  No hay nada secreto ni oculto en nuestra práctica.  Si entendemos esto, si lo practicamos cualquier cosa que hagamos como dojo penetrará a nuestro alrededor mucho más profundamente de lo que debería corresponder a la cantidad de nuestro esfuerzo.  Naturalmente, inconscientemente y automáticamente el gesto delicado que brota de nuestra práctica juntos, podrá tocar el espíritu de los que nos acompañen.  

sábado, 11 de septiembre de 2010

Un paso atrás


Era el primer zazen de una sesión del campo de verano en la Gendronniere.  El godo se acerca al dojo acompañado por la campanita.  Entra con decisión, mira a su alrededor y descubre a más de trescientas personas sentadas en zazen.  De forma automática, inconsciente da un paso atrás.  Hoy que empezamos un nuevo “curso” de  práctica, juntos, aquí, me gustaría hablar sobre este paso atrás.


Siempre queremos avanzar, ir hacia delante.  Dar un paso atrás, retroceder no entra en nuestros esquemas, sin embargo es este paso atrás el que en la vía garantiza la frescura de la práctica.
Dar un paso atrás implica estar dispuesto a poner nuestra práctica en el regazo de algo más grande que nosotros mismos. Implica estar dispuestos a sobrecogernos con esto que está delante nuestra, a nuestro alrededor, en nuestro interior.  
Comenzamos un nuevo curso de práctica aquí, juntos.  Permitir que vuestro espíritu de un paso atrás, sobrecogido por zazen, por la vía, por la shanga que conforma este pequeño grupo de practicantes sinceros.  Cada uno de nosotros solos frente a esto que nos sobrepasa, cada uno de nosotros compartiendo esto con los demás.

Dar un paso atrás y luego avanzar resueltamente hasta más allá, hasta la otra orilla, juntos.  Hago votos para que sea este espíritu el que impregne la práctica de esta pequeña shanga durante este año.

domingo, 29 de agosto de 2010

El tiempo religioso


El final de la tarde.
La obscuridad aún no se ha instalado,
pero ya está presente.
No es ya de día pero aún no es de noche.
En la naturaleza todo parece detenerse.
En el silencio, el clamor del canto de un pájaro.
Tras el todo se torna aún más silencioso.
La frontera entre el mundo visible y el mundo invisible se hace más tenue.  

Es el tiempo religioso.

sábado, 21 de agosto de 2010

No es fácil

Si de alguna manera, a cada uno de nosotros, alguien, pudiera garantizarle una vida segura, cómoda, saludable; si esto fuera posible, casi con toda seguridad nadie seguiría la vía, nadie practicaría zazen.
Estamos educados para perseguir la felicidad, la seguridad, para evitar el dolor, para ocultar el fracaso, para negar la muerte.  Sin embargo la infelicidad, el fracaso, el dolor , la muerte están ahí.  La inseguridad, el fracaso, la enfermedad y la muerte se convierten entonces en el principal acicate para la práctica, en el antídoto perfecto para el egocentrismo.
Nos gusta dar la imagen de que lo tenemos todo bajo control, incluso acabamos por creernos que lo tenemos todo bajo control.  Pero la vida una y otra vez nos pone en cuestión.  Aunque nos escondamos muy bien, aunque tapemos todas nuestras aberturas, el dolor y la impermanencia nos alcanza una y otra vez.  Y no podemos deshacernos de esto fácilmente.  Mientras más lo negamos más presente se hace.  Por eso sólo podemos aceptar.  Aceptarlo, asumirlo y confrontarnos con todo esto, una y otra vez.  Permitir que nos vaya desgastando, puliendo, limando nuestras aristas, aligerando nuestro equipaje, aligerando nuestro espíritu.  No es fácil.  Como decía a veces Maestro Deshimaru: "no es un caramelo". Pero quien ha dicho que sea fácil caminar erguido por esta gran tierra.  Quien ha dicho que sea fácil seguir la vía.  Quien ha dicho que sea fácil entrar en el ataúd.  No es fácil este camino, la vida, la vía. No es fácil nacer con forma humana.  ¿Qué vamos a hacer entonces con esto?.