domingo, 9 de junio de 2013

Sangha


Sangha

De nuevo, como cada año, hoy  tendremos la reunión anual de la Sangha de este Dojo Zen de Sevilla, de este Kaiko Dojo, el Dojo de la Luz Oculta 
Esta reunión no es una reunión ordinaria.  No es una reunión social.  No es una reunión de amigos. Al margen de la amistad que nos una, al margen de los temas que hablemos, al margen de las decisiones que tomemos, , aunque comamos y bebamos juntos, esta reunión de la Sangha es ante todo, la expresión física, de nuestra determinación, de seguir impulsando el Dharma de Buda, en nuestro entorno. 
Sangha literalmente significa asamblea.  La asamblea de las personas que practican la vía juntos. Las personas que forman la Asamblea de este dojo cambian de la misma manera en que todo lo hace a nuestro alrededor.  Algunos llegan y otros se van.  Algunos, durante un tiempo despliegan una importante energía al servicio de la sangha mientras otros se mantienen al margen y en algún momento, por alguna razón, esto da la vuelta.  Algunos se acercan al dojo y rápidamente asumen responsabilidades mientras que otros que las asumieron en su momento dejan de hacerlo.  La Sangha es un organismo vivo.  La forman un grupo de individuos, pero es más que los individuos que la forman. Este es el aspecto sobre el que debemos profundizar, el punto sobre el que debemos clavar la aguja de acupuntura.  La sangha sobrepasa la decisión, la determinación, la energía, la sabiduría, de cada uno de nosotros y nos arrastra. Es por esto que se considera uno de los tres tesoros. La sangha nos arrastra pero al tiempo depende de nuestro impulso y de nuestra guía.  Ponemos todo lo que podemos poner y luego nos abandonamos al orden cósmico.  Debemos mantener siempre juntos estos dos aspectos: impulsar y abandonar.  Esto permitirá que nada en nuestra sangha se estanque, que nada se corrompa. Pero al mismo tiempo debemos recordar los tres espíritus sobre los que he hablado estos últimos días: La suavidad. El espíritu suave, que no violenta, que no crispa, que no reprime, que no coacciona.  El espíritu que busca, que encuentra las rendijas, los poros por los que penetrar suavemente hasta la médula. Practicar con suavidad.
La sinceridad. El espíritu sincero. Que no oculta, que no simula, que no engaña, que no maquilla, que expresa en cada instante su práctica, su realización tal cual es. Practicar con sinceridad.
Y el espíritu generoso. La expresión máxima de esta generosidad en la sangha es practicar olvidándose del propio despertar, de la propia realización concentrándose exclusivamente en crear, en cada momento, las condiciones idóneas para que más y más personas puedan practicar a nuestro lado.  Practicar con generosidad.
Es posible, que para cada uno de nosotros sea difícil expresar, desarrollar nuestra práctica a partir de estos tres espíritus, pero practicando juntos si podemos.  De hecho estos tres espíritus deben de estar siempre presentes si queremos mantener nuestro dojo lejos de los fundamentalismos y sectarismos por un lado y de la tentación de convertir nuestra práctica en una práctica de bienestar por otro.  Así podremos, juntos, siempre juntos, aportar una pequeña luz que sirva para iluminar este pequeño rincón del mundo en el que vivimos.
Y mientras sea yo el responsable de este dojo confío en que otro espíritu esté también presente en nuestra práctica juntos, el espíritu del buen humor.  Ese que  permite que podamos reírnos de nosotros mismos.  Ese que quita la densidad que sobra, el dramatismo que sobra permitiendo que todo sea un poco más ligero. No debemos renunciar nunca a este ligereza que el buen humor da a la practica. Practicar manteniendo el buen humor. Seguro que tendremos una buena reunión.

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